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lunes, 11 de mayo de 2015

895 - SEBASTIAN





Al final de la entrevista con Sebastián se produce un choque de intereses: mientras su mánager y primo hermano Chichí Ledesma lo reta porque no habló del cáncer contra el cual batalla, el cantante cuartetero dice que la charla estuvo bárbara, que no hizo falta caer en la tentación de "vender sangre porque siempre hay alguien que la compra".


Lo concreto es que el creador de Bandido está entero, con el mejor de los ánimos para afrontar la celebración de sus 35 años con la música, "Voy a hacer una síntesis de los 35 años y quiero reunir a toda mi gente", revela al comienzo, para inmediatamente tirar un dato por el que mataría cualquier fetichista de nuestra música regional. "Conseguí una moto que es réplica de la que usé en la tapa de mi primer compacto. Y la voy a regalar en el baile. La original era mía, una Kawasaki, y en Villa María conseguí el mismo modelo. A la original la busqué por dos agencias pero no tuve suerte", detalla sobre el fierro que destaca la portada de un disco que grabó en Buenos Aires para la RCA Victor, una vez cesanteado de Chébere por un faltazo sin aviso de retorno. "Yo estaba de novio con una chica de Buenos Aires –recuerda–, muy enamorado. Un domingo a la madrugada bajo del micro de Chébere luego de actuar en Carlos Paz... Me bajé en La Salchicha Loca, ahí tenía el departamento, y esta chica estaba en Buenos Aires y ya habían pasado dos meses sin verla. Así que hice el bolso y me fui a la terminal. Y cuando llego allá, ella me dice 'Quédate acá, no cantes más'. Y me quedé... Cada vez que lo veo al Pato (Lugones, líder de Chébere) me dice 'todavía te estoy esperando'".

Sebastián dice que le hubiera gustado que su celebración hubiera sido rigurosa en términos de calendario: "Debuté en Unión Eléctrica a fines de marzo, y no pude hacer el baile hace unos días por la agenda de todos. Recuerdo que con Chichí teníamos la expectativa de actuar para mil personas, pero terminamos cortando 6700 entradas".

De ahí en más, la curva sólo fue ascendente. El primer disco Para vos (el de la moto, de 1982) vendió cerca de 700 mil copias, cifra que fue superada meses más tarde por El bandido. Fueron años de, por lo menos, cuatro bailes semanales, de viernes de Atenas, sábados de Deportivo con algún trasnoche, y de domingos con matinés en el Palermo de San Vicente. "Lo bueno de aquellos años es que logré todo lo que me propuse artísticamente. Fui muy profesional en lo mío, me esmeraba por cantar bien, por arreglar bien los temas, me vestía como Michael Jackson", evoca.

¿Y lo malo? "Los amigos ocasionales, a los que me saqué rápido de encima –contesta–. Había 40 apenas me bajaba del escenario, pero siempre terminaba yo solo tomando whisky en un bar a las siete de la mañana. Cuando un tipo se hace popular, tenés que acompañarlo siempre, cuidar de él, asegurarte de que salga afeitado, maquillado y con ganas de tomar contacto con la gente".

A su reivindicación del cuarteto de los '80, Sebastián suma que fue una época dorada, en que todos estaban muy adelantados. "Cualquier tema de entonces podría sonar ahora con total naturalidad", despacha con autosuficiencia. Pero su mirada idílica se termina cuando contrapone calidad artística con frenesí de trabajo. "En un momento me agotó el movimiento por Córdoba. Por otro lado, el número se te cae; de tanto verte, la gente se cansa. Así que con el Movidito empecé a trabajar en las provincias. De Ushuaia a La Quiaca", revela.

–¿Cómo hacías para cuidarte la voz con tanto trajín?

–Nada de cigarrillo. Nunca fumé. Y desarrollé una técnica para dormir la garganta, para no exigirla al hablar. Además, me ayudó tener un buen sonido con buenos retornos y hacia afuera, y haber aprendido a cantar con el estómago. Y cuando hacía falta, un decadrón y listo.

–¿Te quedó algo pendiente por hacer?

–Sí, pero creo que estoy a tiempo. Quiero grabar un disco de boleros para México y Latinoamérica toda. Siento que ahora tengo la suficiente sabiduría para hacerlo. Lo voy a hacer en el corto plazo. Con respecto a todo lo demás, si tengo que nacer de nuevo, haría exactamente lo mismo.

–¿Eso incluye a los excesos?

–No me arrepiento de nada. Mi actitud frente a la vida siempre ha sido muy intensa. Lo que viví de ese modo, tuvo sentido en su momento.

 

Lavoz


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